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Bimedica.
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Atención especializada en la curación de heridas

hospitales
18.09.2026

La cicatrización de una herida es un proceso biológico complejo en el que intervienen de forma coordinada diferentes tipos celulares, mediadores inflamatorios, factores de crecimiento y componentes de la matriz extracelular. Aunque tradicionalmente se divide en cuatro fases —hemostasia, inflamación, proliferación y remodelación—, estas etapas se producen de manera solapada y dinámica, y su evolución puede verse condicionada por factores locales y sistémicos.

Por ello, el cuidado de una herida no consiste únicamente en cubrirla. Es necesario valorar su estado, controlar los factores que pueden interferir en la cicatrización y proporcionar un entorno adecuado para la reparación tisular.

¿Cómo se produce la cicatrización?

  1. Hemostasia

Se inicia inmediatamente después de producirse la lesión. La vasoconstricción y la activación plaquetaria contribuyen a controlar la hemorragia y a formar un coágulo que actúa como una primera matriz provisional para la reparación del tejido.

Las plaquetas, además, liberan mediadores que participan en el inicio de las siguientes fases de la cicatrización.

  1. Inflamación

La respuesta inflamatoria permite eliminar microorganismos, restos celulares y tejido dañado. Los neutrófilos participan inicialmente en esta respuesta y, posteriormente, los macrófagos desempeñan un papel fundamental en la eliminación de detritos y en la coordinación de la transición hacia la reparación tisular.

Una respuesta inflamatoria adecuada es necesaria para la cicatrización. Sin embargo, una inflamación persistente puede interferir en la progresión normal de la herida.

  1. Proliferación

Durante esta fase se desarrolla el tejido de granulación y se produce la formación de nuevos vasos sanguíneos mediante angiogénesis. Los fibroblastos sintetizan componentes de la matriz extracelular, incluido colágeno, mientras que los queratinocitos participan en la reepitelización de la superficie de la herida.

El objetivo es recuperar progresivamente la continuidad y funcionalidad de los tejidos.

  1. Remodelación

La matriz extracelular se reorganiza y el colágeno experimenta un proceso de maduración y remodelación que puede prolongarse durante meses. El tejido adquiere progresivamente mayor resistencia, aunque la piel reparada no recupera necesariamente las mismas propiedades mecánicas que el tejido original.

Heridas agudas: favorecer una evolución predecible

Las heridas agudas, como las producidas por traumatismos, procedimientos quirúrgicos, cortes, abrasiones o determinadas quemaduras, suelen seguir una secuencia ordenada de reparación.

Sin embargo, que una herida sea aguda no significa que su evolución esté garantizada. La edad, el estado nutricional, la perfusión tisular, determinadas enfermedades crónicas, algunos tratamientos farmacológicos, la contaminación o infección y las características propias de la lesión pueden modificar la respuesta de cicatrización.

Por ello, además del cuidado local, es importante identificar y controlar los factores que puedan retrasar la reparación del tejido.

Una estrategia de cuidado adaptada a cada herida

La elección del apósito debe realizarse teniendo en cuenta, entre otros factores, el nivel de exudado, el estado del lecho, la integridad de la piel perilesional, la localización de la herida y la necesidad de protección frente a agentes externos.

Los apósitos pueden contribuir a mantener unas condiciones adecuadas en el lecho de la herida, gestionar el exudado y proteger tanto la lesión como los tejidos que la rodean.

El objetivo de una adecuada cura de heridas es proporcionar protección y unas condiciones favorables para que el propio organismo pueda desarrollar de forma eficaz los procesos necesarios para la reparación tisular.

Nuestra línea de cuidado de heridas reúne soluciones destinadas a acompañar las diferentes necesidades de la cura, desde la protección de la lesión hasta la gestión del exudado y la protección de la piel.