

Las siliconas están presentes desde hace décadas en productos sanitarios, dermatológicos y cosméticos. Su estabilidad química, biocompatibilidad y buena tolerancia cutánea han favorecido su uso en apósitos, productos para el cuidado de la piel, cicatrices y otras formulaciones destinadas a mantener la integridad cutánea.
Sin embargo, aunque a menudo se habla de “las siliconas” como si fueran un único ingrediente, en realidad constituyen una familia amplia de compuestos con propiedades y comportamientos diferentes. Su utilidad depende de su estructura química, su volatilidad y su función específica dentro de cada formulación.
Una familia de compuestos con características diversas
Las siliconas son polímeros sintéticos formados por cadenas de silicio y oxígeno (siloxanos). Esta estructura les confiere estabilidad, resistencia y versatilidad, lo que explica su amplia utilización en el ámbito sanitario, los dispositivos médicos y el cuidado de la piel.
Dentro de esta familia existen compuestos con funciones distintas. Las siliconas volátiles, como las ciclometiconas, se extienden fácilmente sobre la piel y se evaporan tras la aplicación. Las siliconas no volátiles, como la dimeticona, permanecen en la superficie cutánea formando películas protectoras. También existen elastómeros de silicona, utilizados en aplicaciones médicas por su flexibilidad y resistencia.
Esta diversidad justifica que la evaluación de las siliconas se realice de forma individualizada, considerando su estructura, concentración y uso previsto.
Consideraciones regulatorias y debate actual
Parte del debate en torno a algunas siliconas se relaciona con su comportamiento medioambiental y su posible persistencia en determinados ecosistemas acuáticos. Esto ha motivado restricciones específicas en ciertos usos, especialmente en algunos productos cosméticos de aclarado.
Sin embargo, estas medidas afectan únicamente a moléculas concretas y contextos determinados, sin implicar una valoración global de toda la familia. De hecho, las siliconas siguen siendo ampliamente utilizadas en productos sanitarios y dispositivos médicos por sus propiedades funcionales y su difícil sustitución en determinadas aplicaciones.
Por ello, su evaluación debe basarse en la evidencia disponible y en el análisis individual de cada compuesto, evitando generalizaciones.
Función de las siliconas en el cuidado de la piel
En el ámbito sanitario, las siliconas aportan propiedades que pueden ser relevantes en el manejo de la piel. Entre ellas destacan la mejora de la extensibilidad de las formulaciones, la reducción de la fricción cutánea, la formación de películas protectoras y la mejora en la distribución de los ingredientes activos.
Estas características son especialmente útiles en pieles frágiles, sensibles o con riesgo de deterioro, donde la correcta aplicación del producto puede influir en la protección de la integridad cutánea y en la adherencia a los cuidados.
Ciclometicona y su papel en formulaciones tópicas
Dentro de esta familia, la ciclometicona es una silicona volátil ampliamente utilizada como excipiente en formulaciones tópicas. Su principal función es facilitar la extensión uniforme del producto sobre la piel, favoreciendo una distribución homogénea de los ingredientes activos.
Tras su aplicación, se evapora progresivamente, lo que reduce la sensación grasa y deja un acabado ligero y no oclusivo. Este comportamiento puede mejorar la tolerancia y la experiencia de uso tanto en el entorno clínico como en el cuidado diario de la piel. Además, en determinados contextos, puede favorecer la adhesión de apósitos al optimizar las condiciones de la superficie cutánea tras su evaporación.
Estas propiedades resultan especialmente útiles cuando se combina con ácidos grasos hiperoxigenados (AGHO), donde actúa como vehículo que mejora su distribución sobre la piel y su aplicación uniforme.
En la práctica clínica, estas propiedades se han incorporado en formulaciones orientadas al cuidado de la piel frágil dentro de la gama ABS® Skincare by Novamed, donde la ciclometicona se combina con AGHO.
ABS® Skincare Oil es una formulación en aceite destinada al cuidado de zonas especialmente vulnerables al deterioro cutáneo, como sacro, talones o codos. La combinación de AGHO y ciclometicona facilita una aplicación homogénea, mejora la extensibilidad del producto y aporta una sensación final ligera y confortable.
Por su parte, ABS® Skincare Milk es una emulsión de rápida absorción que incorpora AGHO, ciclometicona y vitamina E, indicada para el cuidado de pieles con alteraciones vasculares o riesgo de deterioro cutáneo, como en personas con pie diabético o insuficiencia venosa. Esta formulación contribuye al mantenimiento de la hidratación y al cuidado continuado de la piel, con una textura de fácil aplicación.
Conclusión
Las siliconas continúan siendo materiales ampliamente utilizados en el ámbito sanitario por sus propiedades funcionales y su larga trayectoria de uso clínico. Comprender sus diferencias permite interpretar mejor su papel dentro de cada formulación y evitar generalizaciones que no reflejan la diversidad de esta familia de compuestos.
Más que la presencia de siliconas, lo relevante es el tipo concreto, su función y el contexto de uso. La ciclometicona ejemplifica cómo una selección adecuada puede mejorar la aplicación de los productos, optimizar la distribución de los activos y facilitar el cuidado de la piel, contribuyendo a la eficacia del tratamiento y a la experiencia del paciente.
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